
Un amanecer de noviembre de 2007 mientras veía amanecer en Coveñas un vendedor de tinto me permitió visualizar mi segunda vida, ese hombre que en la mañana vendía tinto y adornos de corales, en la tarde regresaba a su casa de techo de paja frente al mar a esperar la pesca que habían realizado sus hijos. Un hombre simple con una vida simple.
Ese hombre tenía la vida que mis títulos académicos y mis cargos no me permitían, no los requería, era feliz con su vida, a lo mejor no conocía otra y tal vez por eso era precisamente feliz.
Durante los años siguientes seguí laborando y “creciendo” profesionalmente, visité varios países Latinoamericanos compartiendo mis ideas y conocimientos, pero cada cierto tiempo regresaba a ese momento con ese hombre feliz y comenzaba a fantasear con ello, ya le tenía un nombre a mi sueño: San Bernardo del Viento, en el Golfo de Morrosquillo.
De ese pueblo no sabía nada, lo había leído en alguna obra de García Márquez y en los recuerdos de Juan Gossaín, se lo conté a Alma Patricia, mi esposa, ella me veía mientras me escuchaba como quien mira a un loco en sus disertaciones.
Para finales del 2019 viajé con Alma a esas playas, llegué a Tadú, donde Clodomiro y Rubiana, era de ensueño, era natural, era Macondo en la Colombia Profunda. Era el lugar.
La pandemia llegó y se llevó a Alma, para recordarla llevé a mis hijos Fabiandres, Claus, Luiscas, Johan y Adrianes, había superado los 50 años de edad y quería vivir como el hombre feliz de Coveñas, era el momento. Para el 2021 ya teníamos la casa a 400 metros del mar, en una vereda de pescadores y agricultores artesanales.
Paso las tardes viendo el atardecer en el muelle, en la noche la brisa trae el sonido del mar y solo allí es cuando se encuentra sentido al nombre: EL VIENTO, así lo llamaron los primeros europeos en el siglo XVI cuando crearon la encomienda, luego llegaron los misioneros salvados de las aguas trayendo a San Bernardo Abad de Claraval y se articuló el nuevo nombre al pueblo que fue el último puerto del rio Sinú antes de llegar al Caribe.
Si llegas al Viento, búscame en la vereda Nueva España, cerca a Playa Venados, me encontrarás en mi rancho de paja en medio de libros, música, rompecabezas y muchas historias para contar y escuchar.
